lunes, 1 de febrero de 2021

Ensayos. Lola Sanabria


Imagen tomada de la Red


 Repaso sus ropas, las plancho, las doblo, les introduzco caramelos en los bolsillos del pantalón. Coso el ojo del hipopótamo, los lunares a la mariquita. Les preparo macarrones, croquetas, albóndigas, pizza, hamburguesas. Lo guardo todo en tupers etiquetados dentro del frigorífico. Dejo pan con chocolate sobre la mesa de la cocina, para la merienda. La última vez llegué hasta la estación, hoy tal vez pueda coger ese tren.

domingo, 31 de enero de 2021

sábado, 30 de enero de 2021

La que bien te cuenta. Elisa de Armas


             Imagen tomada de la Red

No hay dos viajeros que llegando a Eulogia vean la misma ciudad, pues Eulogia gusta de mostrarse tal como el viajero la desea. Para este será un jardín cercado de mirto donde lo espera una muchacha dormida al arrullo de la fuente. Aquel encontrará un mercado bullicioso en el que los vendedores vocean las virtudes de las sedas de China, del azafrán de Persia, de los volúmenes impresos en Amberes. Buscarán algunos en sus calles encaladas un taller donde un anciano sordo construye autómatas y otros, un burdel escondido en un pasadizo o una taberna donde se permita el cante. Habrá quien recorra la oscuridad de sus rincones esperando recibir la herida de una daga que cause la herida mortal. A todos los acoge Eulogia y a todos se entrega sin juzgarlos, salvo a los que, en lugar de soñarla, se empeñan en adivinar cuál es su auténtica naturaleza. Para estos solo será un laberinto de paredes grises desde cuyas ventanas enrejadas se divisan árboles raquíticos. 

martes, 26 de enero de 2021

Inspiración. Isabel González


 Imagen tomada de la Red



Marcela, exhausta, no podía dejar de escribir. El olor putrefacto a carne descompuesta no tardo en invadir la estancia. Afortunadamente, su mano derecha seguía en buen estado y pudo firmar la novela.

lunes, 25 de enero de 2021

Mareas. Salvador Terceño


 Imagen tomada de la Red

De niño siempre veraneábamos en septiembre, un mes, como solían explicarnos cada año, sin muchedumbres ni calor. Mis padres trabajaban todo el verano y el día uno salíamos a disfrutar nuestra esperada quincena de playa. Éramos muchos hijos y resultaba necesario buscar lugares tranquilos donde gozar del sol y del mar.

Les encantaba plantar la sombrilla muy cerca de la orilla, cuando la marea estaba baja, y esperar a que subiera. En ocasiones, el agua comenzaba a cubrir nuestros pies y a anegar esterillas y bolsos. Mi padre detestaba tener que modificar nuestra posición y, un par de horas después, el agua nos llegaba al ombligo. Según la época y la fase del ciclo lunar, al final de la mañana o de la tarde, nos llegaba al cuello o incluso nos cubría la cabeza.

Perdimos a Juanito en el noventa y tres y a Lucía y Miguel en el noventa y cinco y noventa y seis, respectivamente. Éramos muchos hermanos y ya estábamos acostumbrados.
Lo que nos cogió por sorpresa fue que, en el noventa y ocho, tras bajar una marea crecida, el mar nos devolvió a Lucía, sana y salva. Apareció sentada en su sillita rosa, toda sonriente y cubierta de algas. Tengo hambre, dijo. Y mi madre le dio un bocadillo.

domingo, 24 de enero de 2021

Los que observan. Arantza Portabales Santomé

 


Imagen tomada de la Red


La madre, sigilosa, observa a la niña, que peina con esmero a su muñeca y le cuenta a esta que un monstruo de ojos amarillos vive dentro del armario. La mujer entorna con cuidado la puerta de la habitación y vuelve al salón.
El hombre, sigiloso, observa a su mujer que habla por teléfono con su hermana. Le cuenta que su hija ve monstruos que no existen en el armario.

El hombre, sin hacer ruido, cierra la puerta y coge su móvil para llamar al psiquiatra de su esposa. Le cuenta que esta vuelve a ver a una hija que no existe dentro de la habitación de invitados.

El psiquiatra, sin interrumpirlo, con sigilo, anota en su cuaderno que su paciente vuelve a hablar de una esposa inexistente.

Y usted, lector, sigiloso, cierra la página del libro mientras piensa que ese hombre no existe.

Y yo, a sus espaldas, sigiloso, lo observo a usted.