jueves, 6 de julio de 2023

Atrocidades, Francesc Barberá Pascual


Imagen tomada de la Red

 Me acerco con mucho cuidado para no despertarla. Le susurro al oído lo primero que se me ocurre. Al principio, algo agradable. Pero, poco a poco, voy añadiendo algún elemento que le incomode. Le cuento, por ejemplo, que tiene los pies llenos de moscas mientras le doy toquecitos con mis dedos para que crea que las está sintiendo. Luego le pido que visualice a un bebé posando sus manitas sobre una mesa. Y a su lado, alguien sosteniendo un martillo a punto de golpeárselas. La observo, con atención, a la espera de algún gesto que me indique que está integrando mi relato en su sueño. Cuando me aseguro de que es así, empiezo a golpear la mesita con la fuerza justa para no despertarla. Le digo que es el sonido de los martillazos que le están destrozando los dedos al bebé. En el momento en el que a ella se le escapa una lágrima, decido que tengo que parar. En ese instante me despierto y la veo, justo a mi lado, susurrándome atrocidades al oído.

martes, 21 de marzo de 2023

Gallinas, de Víctor González


Imagen tomada de la Red


Las gallinas, aunque por naturaleza son modestas y no hacen alarde de sus conocimientos, poseen una habilidad única: pueden meter un pollo dentro de un huevo sin romper la cáscara.

Muchos humanos inteligentes son incapaces de hacerlo.


jueves, 9 de marzo de 2023

Casi un tornado, Gustavo Borga

 


Imagen tomada de la Red


Hace aproximadamente un año el jefe me llamó a la oficina. Me dijo:
-Borga, ¿por qué llegó tarde?
-Vengo en bicicleta. Tenía viento en contra. No podía avanzar.
-Eso a mí no me importa. La próxima vez que llegue tarde lo echo a la mierda.
A partir de ese día salgo fuera de mi casa una hora antes para ver de qué lado sopla el viento. Mis compañeros hacen lo mismo. Nadie llega tarde.
Una mañana, un viento muy fuerte, casi un tornado, sopló a favor nuestro.
Ese día tomamos la fábrica.

sábado, 18 de febrero de 2023

El funeral, Slawomir Mrozek

Durante un paseo, me uní a un cortejo fúnebre. Siempre anima más que vagar uno solo y sin rumbo. No sabía a quién estaban enterrando, pero ¿qué importaba? Nosotros, los humanos, formamos todos una gran familia.


Además, siempre se puede preguntar. Mi vecino de la izquierda del cortejo tampoco lo sabía.

—Voy a la tintorería a recoger un pantalón. He visto el funeral y, puesto que me pilla de camino, me he unido. Solo hasta la esquina y después tuerzo.

Pregunté, pues, al vecino de la derecha.

—¿Que de quién es el funeral? Y yo qué sé, ¿acaso muere poca gente? El banco no abre hasta las nueve, así que tengo un poco de tiempo todavía.

El tercero, que caminaba unos pasos atrás, tampoco era capaz de informarme.

—Yo no soy de aquí, soy un simple turista. Pero pregunte a esa señora con velo negro, la que camina detrás del féretro. Tiene pinta de ser la viuda y debe saberlo.

En ese momento empezó a llover y abandoné el cortejo. No voy a mojarme por alguien a quien ni siquiera conozco personalmente.



jueves, 2 de febrero de 2023

Monotonías, Rafael Olivares

Imagen tomada de la Red


En una planta diáfana, cientos de mesas idénticas perfectamente alineadas. Todas con la misma orientación, todas con la pantalla a la derecha, todas con el teclado en el centro, todas con el teléfono a la izquierda y todas con el mismo almanaque de sobremesa al frente. Agripino López, con nueve trienios, ocupa la D52. Hoy tuvo una gran idea: giró su mesa ciento ochenta grados, puso la pantalla a la izquierda, el teléfono a la derecha y el almanaque escorado al mismo lado. Se sintió diferente y feliz durante quince minutos. El tiempo que tardaron todos sus compañeros en imitarle.



miércoles, 14 de septiembre de 2022

LOS ALEGRES, Sánchez Ginés



Imagen tomada de la Red

Yo, niños, ahora soy vieja. Aquí me veis. Pero hace muchos años fui joven, incluso niña. Por supuesto yo también tuve un papá y una mamá y también tuve hermanos.

Lamentablemente vosotros no llegasteis a conocer a ninguno de ellos, porque todos se fueron hace ya mucho tiempo. Es curioso lo que nos pasa a los viejos con los muertos. Porque entre la vida y la muerte, a veces lo pienso, lo que hay es una pared. Y a cada lado, ellos. Ellos que hablan en voz baja, que a ratos solo respiran o murmuran. Y ¿sabéis qué pasa? Qué esa pared, conforme uno se va haciendo más viejo, se vuelve más fina. Se hace más fina y a ratos a uno le parece que escucha. Que ve. Y eso me pasa. Que ahora me asaltan los muertos con sus palabras.

lunes, 1 de agosto de 2022

El ciclo del agua. Arantza Portabales Santomé


Imagen tomada de la Red


Trece horas antes de morir el hombre juguetea con los pezones de esa mujer que conoció en una aplicación de citas. Ella gime mientras la lengua del hombre lame esa gota de sudor que resbala entre sus senos. Esa gota. Esa. La que once horas más tarde asoma, convertida en lágrima, cuando ella lo bloquea en sus redes. Esa lágrima que su esposa descubre y besa sin que él le confiese qué le sucede. Es esa esposa la que, horas después, solloza ante la jueza que le impide el paso a la sala donde yace su marido. Olvídense del suicida, concéntrense en la lágrima de la esposa que cae dentro del vaso de la jueza justo antes de que se disponga a beber. Cuando la jueza eche a correr camino de su casa, se limpiará el sudor con la palma de la mano. Y de ahí a la barandilla del metro. No se distraigan. La jueza no es importante. Hay otra mano: la de esa mujer que toca la barandilla y luego su propio escote. Esa mujer que, les cuento, en cincuenta minutos estará desnuda en su casa y en setenta tendrá un orgasmo mientras que un hombre que conoció en una aplicación de citas juega con sus pezones y lame esa gota de sudor que desciende entre sus senos. Esa gota. Esa mujer. Esa.