lunes, 4 de octubre de 2021

Antología de ausencias. Salvador Terceño


Imagen tomada de la Red


La librería cerró tras los primeros bombardeos. Aunque un obús había hecho desaparecer el estanco y la mercería de doña Pura, su fachada solo mostraba ráfagas de disparos.
El viejo librero no aparecía y yo, con menos vocación pero más hambre, tras terminar la guerra, decidí arreglarla.
No había libros —habían sido destruidos—, pero aquello no me pareció un obstáculo insalvable. Desempolvé las estanterías vacías e identifiqué con cartelitos las diferentes secciones. Recoloqué el viejo letrero y, una mañana de verano, reabrí sus puertas.
El primer cliente tardó varias semanas en entrar. Preguntó por una antología poética.
—Pasillo dos, “Poesía en castellano”—, respondí.
El cliente estudió minuciosamente las baldas, rastreando aquella vacuidad con su índice. Pareció encontrar algo incorpóreo que extrajo, abrió y simuló hojear.
—Me lo llevo—, dijo.
Introdujo la mano en un bolsillo y, tras poner sus dedos desnudos sobre mi palma, salió tarareando.
Los clientes empezaron a frecuentarla con asiduidad. Tomaban libros inexistentes, se sentaban a leer, pasaban hojas teatralmente y terminaban pagando con un ademán. Comenzó a percibirse cierta ilusión.
Y yo, como cada noche, regresaba a mi piso, ponía un plato vacío sobre la mesa y, con lánguidas cucharadas, simulaba comer aire.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Cuidado escalón. Sergio Gaut vel Hartman


Imagen tomada de la Red


Desoyó la advertencia y cayó. Y mientras caía comenzó dos cuentas paralelas. Contó los escalones y los huesos que se le iban quebrando. No pueden ser más los escalones que los huesos, reflexionó. En un punto, casi pierde la cuenta, pero no la perdió. Treinta y nueve escalones; diecisiete huesos. La asimetría está asegurada, concluyó, casi feliz. Le encantaba la asimetría. El cuerpo humano sólo tiene doscientos seis huesos y esta escalera no puede tener doscientos siete escalones. Sin embargo, omitió un detalle importante: al pasar por el centésimo escalón, llevaba varios minutos muerto. Se encogió de hombros y siguió cayendo.

jueves, 26 de agosto de 2021

Descalzos. Ernesto Ortega


 

Imagen tomada de la Red


Las viejas zapatillas del abuelo que se paseaban despreocupadas por el barrio, ajenas al devenir de los días; los mocasines marrones de papá, tan elegantes, tan orgullosos, que iban y venían, venían e iban, de casa al trabajo, del trabajo a casa; los zapatos rojos de tacón de mamá, alegres, ruidosos, que siempre estaban deseando que los sacasen a bailar; y mis deportivas, las blancas, las que me habían regalado por mi cumpleaños, esas que, inocentes, jugaban, corrían, saltaban por el parque. Todos, todos, andan desordenados y desparejados por los armarios desde que aquellas botas, tan negras, tan relucientes, tan militares, echaron la puerta abajo y, en medio de la noche, nos sacaron a patadas de casa, desnudos, descalzos.

viernes, 6 de agosto de 2021

El invitado. Tomás Blanco Claraco


 Imagen tomada de la Red


Sentado a la mesa miro de reojo a mi madre, que mira de reojo a mi padre, que mira de reojo a mi hermano mayor, que me mira de reojo a mí.

El hombre raro se atiborra de comida sin mirar a nadie. Me pregunto quién le habrá invitado. 

martes, 3 de agosto de 2021

Negocios en blanco y rojo. Catalina Barceló Morey

 

Imagen tomada de la Red

En contra de mi opinión, mi socio decoró su nuevo apartamento en blanco y me invitó a cenar para celebrarlo. Acepté el convite y me propuse aprovechar los postres para pedirle que me cediera su parte de la empresa.

En la inspección ocular del día siguiente la policía no tuvo ningún problema en encontrar mis huellas rojas sobre la mesa blanca, los sillones blancos, las paredes blancas, las cortinas blancas...

Créanme, amigos, no era mi intención ponerlo todo perdido pero debo explicar, para mi descargo, que encontré cierta resistencia por su parte.

martes, 27 de julio de 2021

Despertar. Norberto Costa


Imagen tomada de la Red

Despertó cansado, como todos los días. Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima. Abrió un ojo y no vio nada. Abrió el otro y vio las vías.



jueves, 1 de julio de 2021

CÓRTAME EL NUDO, GORDIANO, David Roas


Imagen tomada de la Red



 Ismael Godínez, lúcido aún, nota cómo su cuerpo se mece como un pelele colgado del techo de la habitación, y se arrepiente de haber cedido a aquel estúpido arrebato. Sus manos actúan de forma autónoma intentando detener la terrible opresión de su cuello, mientras sus pulmones luchan por tragar un poco más de aire. De pronto un pequeño halo de luz se cuela bajo la puerta. Ismael sabe que puede llegar su salvación, pero no se atreve a moverse: ello aceleraría más su estrangulamiento. Para llamar la atención, lanza unos gemidos sofocados. Al otro lado de la puerta sus padres escuchan en silencio, felices de saber que Ismael, por fin, ha traído a casa una amiguita.